Asunto consecuente
Por> Alberto Enrique
Vayamos a los “mata burros”, quise decir, a los diccionarios. Y es curioso cómo enseñan o refrescan conocimientos, asunto que puede ser muy valioso. Los hay pequeños, medianos o grandes, según el caudal o número de palabras que presenten; existen los más frecuentes –esos que traen un poco de todo- también podrá encontrar los espe-cializados en determinada materia y aquellos que muestran la raíz misma de las palabras, de sus oríge-nes etimológicos, filológi-cos, hasta de las voces ac-tuales.
En esto de las palabras no hay nada oculto. Claro, a veces se encuentran usos indebidos o equivocados pero puede uno ir a la caza de cualquier error y su trascendencia, sea por fa-llos, prominencias y popu-laridad excedida. Si usted se propone buscar en el diccionario, precisar algún detalle o preocupación, encontrará cualquier signi-ficado o podrá esclarecer todo tipo de dudas, porque de hecho tiene en sus ma-nos la herramienta o reper-torio básico y adecuado.
Nuestro idioma es muy rico por la cantidad de palabras que pueden ser empleadas. Otro detalle, que hablamos y leemos en un solo len-guaje… Pero en esto de las redes sociales le llegan a uno cuestiones importantes, otras, pura banalidad o vi-lipendios; pues las empre-sas matrices o dominantes han convertido sus mensa-jes en armas de las ideas. Recuerdo que en las gue-rras contemporáneas ini-cialmente empleaban ata-ques artilleros de ablanda-miento y luego desembar-cos de ocupación. Ahora los ataques cibernéticos son usados como parte de una nueva estrategia y lanzan mediante tales tecnologías la guerra conocida como de “cuarta generación”.
Mediante la confusión, la desconfianza y la desunión, promueven el desorden so-cial. Desatan el odio entre grupos sociales o hacia al-gunos de sus integrantes. Se aprovechan de informa-ciones falsas, intrigas, amenazas. Buscan promo-ver “quintas columnas” para derrocar gobiernos establecidos. Exploran y dirigen sus misiones a los inconsecuentes, a esa “yerba mala” formada de inconstantes, volubles, frí-volos, ligeros, variables, inestables, frágiles, inse-guros, cambiantes, incons-tantes, ambiciosos, intri-gantes, flotables, infieles, traidores, desleales, ingra-tos.
Para eso me sirve el dic-cionario. Encontrar el sig-nificado justo de lo que pueda encajar a cada uno de los serviles o equivocados, a quienes manipulan al an-tojo neocolonialista. Pero ese bulto o lastre social, tiene una contraparte (y mayoritaria) formada por los que pisan terreno firme: los invariables, los decidi-dos, los perseverantes, los tenaces, los conscientes; sí, esos que tienen conciencia revolucionaria, quienes es-tán decididos a batallar. Ellos son los sensatos, los reflexivos, los juiciosos; quienes saben que cada mañana saldrá el sol, y con entereza han de defender y mantendrán en alto la ban-dera de la estrella solitaria, aún en las condiciones más adversas.
Ahí están las particulari-dades que nos diferencian, es un asunto decidido, consecuente. Razones so-bradas entonces, no habrá sinónimos posibles, es un “No nos entendemos”… el mismo del Baraguá eterno.
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