DICHOS Y PRÁCTICAS CONOCIDAS

DICHOS Y PRÁCTICAS CONOCIDAS POR ALBERTO ENRIQUE Eran muchos y podía encontrarlos aplicados en cualquier esfera de la vida. Por lo general, el adolescente corría el riesgo de ser enjuiciado como “Alumno de todo y maestro de nada”. Era el largo camino de lo criticable al no tener una vocación definida o andar rodando entonces en busca de conocimientos, y probar acá o más allá, escuchando entonces el consejo corto, breve: “¡Aplícate! pues por ese camino ninguna muchacha podrá poner sus ojos en ti”. Uno daba tumbos y algunos padres se veían precisados a hablar con amigos o parientes que permitieran comenzar “en algo” al jovencito, abrirles un camino para el futuro. Ahí está el ejemplo de Ciro, su padre habló con el dueño de una carpintería y mi primo se hizo un maestro en ebanistería; o Juanito, un amigo contemporáneo, que al dominar los cortes en el arte de la barbería llegó a tener un reconocido prestigio y amplia clientela. Pero en los oficios por simples que parecieran había toda una escala ascendente de aprendizajes; en la albañilería, por ejemplo, era preciso comenzar de practicante con tareas simples, las cuales iban desde mover materiales de un lugar a otro hasta llegar a obtener el grado inicial de ‘media cuchara’, al paso del tiempo el de ‘cuchara’ o el casi inalcanzable de ‘maestro de oficio’. Ocurría otro tanto en la elaboración de tabacos torcidos, igual en las panaderías o en la fabricación de zapatos. Estos por citar solo algunos. Sin embargo, también había jóvenes privilegiados a quienes sus padres podían pagar estudios superiores, aunque si no había rápidos resultados el comentario tomaba oculta o irónica malquerencia con la cual se indicaba que fulano –el padre- “Tenía un hijo bobo estudiando en París”. Además, aquel otro donde se explicaba el necesario acierto para alcanzar el éxito: “Suerte te de Dios que el saber nada te vale”. Lo más tremendo de todo aquel pasado en la vieja sociedad cubana radicaba en la carencia de escuelas de oficios, teniendo que recurrir a métodos de aprendizaje casi feudales, arcaicos; a diferencia hoy día se ha establecido un orden distinto. Son numerosos los centros escolares en todo el país de los cuales egresan cada curso centenares de futuros trabajadores calificados, técnicos medios y universitarios para cubrir a lo largo y ancho del país las necesidades de los sectores económicos y sociales. Vivir y ver es la clave, mejor aún, ahora se dispone de la llave que permite abrir muchas cerraduras. Hoy en día, conciencia y aptitudes van de la mano. Los dichos son nuevos y las preocupaciones son diferentes pues cada joven marcha sólidamente en saberes, buscando máximas utilidades, aplicando con juicio la medida de cómo desenvolver sus capacidades junto a la independencia individual y el talento que distingue a cada quien. La familia cubana evoluciona y los jóvenes marchan sin discriminaciones hacia el futuro de una sociedad avanzada. Los tiempos no cambian en vano ¿no le parece

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